De nuevo se nos ofrecía una inmejorable oportunidad de saborear la actuación de un grupo de primer nivel, una banda a la cual uno no había tenido la fortuna de ver en vivo hasta ahora.Además, en esta ocasión el concierto se celebraba en un local perfecto para este tipo de eventos, circunstancia a la cual haremos referencia al final de esta breve crónica...
La banda sueca Logh, visitaba nuestro país para presentar, sobre todo, el formidable contenido de su magnífico último disco 'A Sunset Panorama' (Bad Taste records.2005), recientemente editado.Evidentemente el grupo centra su actuación, pues, básicamente en ese álbum aunque sin olvidar tampoco sus dos LPs anteriores 'The Raging Sun' (Bad Taste records.2003) y 'Every time a bell rings, an angel gets his wings' (Bad Taste records.2002), discos que son revisitados ocasionalmente a lo largo de la actuación.Por cierto... Os recomendamos toda la discografía de la banda, que es de un nivel extraordinario.
Desde el primer instante nos sentimos seducidos por la clase, la
distinción, la elegancia, el invisible encanto de una música
que parece envuelta en sombras, de trazos tenues, de deliciosos
contrastes, de cuidadosos contrapuntos instrumentales. Es un rock
templado, misterioso, introspectivo, reflexivo, conmovedor, frágil
pero lleno de tensión, donde sobrevuela la sugerente y sedosa
voz de Mattias Friberg, el líder de la banda.
Logh ofrecen una música ensoñadora y mágica,
donde se cuidan tanto la formas como el contenido de manera obsesiva,
dando lugar a una especie de 'clasicismo renovador', con toda la
contradicción en términos que esa expresión
lleva consigo.En su propuesta hay equilibrio, proporción,
belleza, una cierta simplicidad pero todo ello, sorprendentemente,
origina una gran riqueza sonora, unas atmósferas de enorme
poder evocador.
Logh prefieren sugerir a exhibir, usando las reglas de la armonía clásica pero de forma estimulante, compleja, elaborada, explotando los recursos naturales de las tonalidades menores y apoyándose en ligeras disonancias habitualmente puestas en juego por cierta instrumentación que aparece en segundo plano.
Sus canciones, en ocasiones, constituyen himnos etéreos, gaseosos, que actúan a modo de tragedias íntimas en las que encontramos tristeza y resignación pero también esperanza.
Tampoco hay reglas preconcebidas en cuanto al esquema duracional de las canciones que oscila en gran medida, ni en cuanto a las estructuras, que muestran asimismo gran diversidad.El oyente no deja de ser sorprendido (o más bien seducido) de forma simple, inconsciente.Es una propuesta de gran sobriedad y minimalismo que va empapando el espíritu y los sentidos, donde juegan importante papel las texturas y las dinámicas, donde se yuxtaponen voz e instrumentos de forma inteligente y sutil, logrando gran expresividad.
Es música diversa, poderosa, auténtica, oscura y a la vez luminosa, controlada, de emoción contenida, penetrante y estimulante, de agridulce belleza.
Como la felicidad perfecta no existe, mencionemos quizás la única, digamos, nota negativa del concierto.Por supuesto es una circunstancia nunca achacable a la banda en cuestión, ni a la sala, pero desgraciadamente, en algunos de los momentos más calmados de la actuación del grupo sueco, nos vemos de nuevo forzados a soportar (una vez más) la falta de respeto atroz (por otro lado ya demasiado frecuente y habitual) de una parte del público a la que adornan, entre otras, algunas de estas cualidades: ignorancia, descortesía y estupidez.
Pero esa lamentable circunstancia (repito, bastante común hoy día), en ningún caso desluce una actuación imaginativa, resplandeciente, de una honestidad que desarma.Logh terminan por ofrecer un concierto sincero, coherente, deslumbrante, donde las piezas son interpretadas de forma impecable y del cual disfruto con delectación.
Para finalizar este breve artículo, me gustaría hacer
referencia al lugar donde se celebró la actuación:
la Sala COOC.A mi juicio, es un sitio espectacular para hacer conciertos.La
inteligente distribución de espacios, la ubicación
y el tratamiento del escenario, las inmejorables condiciones acústicas,
convierten a este elegante local en un lugar idóneo para
esta clase de acontecimientos.
Artículo por Fernando Pérez Herrero