ADRIAN CROWLEY
Abre el fuego, a modo de telonero, este formidable artista irlandés
al que conocíamos vagamente a través de sus discos
y cuya exhibición de clase resulta más que convincente.A
partir de ahora no dejaremos de prestarle la atención que
indudablemente se merece.Su propuesta reflexiva e intimista irradia
magnetismo, y se desarrolla a fuego lento, empapando nuestros oídos
de múltiples sensaciones.
Podría definirse su música como folkrock de última generación, aunque ya sabéis lo resbaladizas e injustas que pueden resultar este tipo de descripciones.Por tanto intentaremos acercarnos un poco más a la esencia de su propuesta.Lo que nos va a mostrar Adrian esta noche es un catálogo de canciones elegantes y amargas, de auténticas elegías intemporales que nos embaucan desde el primer instante.
La armazón sonora de lo que escuchamos se cimenta sobre ciertos ritmos repetitivos e hipnóticos, perfectamente entrelazados con un jugoso fondo armónico de guitarra que funciona a la perfección, mientras todo ello es aderezado con ocasionales acompañamientos percusivos, a cargo del batería de Hood.El equilibrio entre las fluidas partes vocales y los delicados acordes es magistral.Las estructuras utilizadas son, básicamente, esquemas formales simples que otorgan gran coherencia y unidad al conjunto.
Sobre ese soporte instrumental ya mencionado Adrian despliega su voz grave, carnosa, sinuosa, claroscura; que se mueve con placidez en los registros bajos y que resulta verdaderamente adecuada a la propia naturaleza de sus canciones.Reconociendo que su registro vocal no es excesivamente amplio (ni falta que le hace), Adrian explota esa escasa capacidad vocal con extrema habilidad, balanceándose cómodamente en un ámbito melódico estrecho, siempre en tesituras graves, pero sin llegar a resultar monótono.Su modo de cantar se encuentra cercano a la declamación vocal, a una especie de recitado entonado, siempre abordado con justeza, control y afinación.Su fraseo preciso y profundo es el vehículo por el que trasmite un enorme caudal lírico manejado con soberbio oficio.

El aparente minimalismo de su música es en realidad un entramado subyugante que, a través de un intimismo no exento de pasión, penetra en el oyente de forma inevitable.
Adrian es un músico que obtiene extraordinarios resultados desde la absoluta parquedad de recursos; un intérprete de técnica rigurosa que disfruta con la magia de lo sencillo, aplicando fuerza o sutileza según convenga.
Las piezas oscilan entre la extrema lentitud y los tempos más agitados, entre el sosiego y el nervio, la quietud y la rabia controlada, dando lugar a una música recia, ambiciosa, sobria, noble, tersa, expresiva, macerada, depurada y conmovedora.
Su repertorio está compuesto de canciones de de doble y triple filo, donde uno encuentra melodías formidables, fascinantes, que dejan entrever un mundo inquietante, rico en emociones.Es un tipo que no se pierde en ornamentación vacía y cuya música perturba desde la opción consciente y responsable de lo más simple, lo desnudo, lo elemental. Cultiva un rock lánguido, exquisito, introspectivo, compuesto de piezas lustrosas, reconfortantes y cálidas, inspiradas y llenas de verdad.Su sonido es compacto, lacerante, oscuro, poético, pulido, y su interpretación está cargada de buen gusto, de tino, de asombrosa naturalidad, de gran profundidad y peso.
En su propuesta musical se observa la sencillez de lo bien hecho,
algo difícil de contemplar en estos tiempos donde abunda
lo inútil y lo superfluo.A pesar de la escasez de los sonidos
puestos en acción (o precisamente por ello), la atmósfera
resulta hechizante y seductora.Este irlandés parece poseer
una gran habilidad para trazar a través de pocos elementos
musicales, descripciones musicales cercanas y sugerentes viñetas
sonoras.
En definitiva, disfrutamos para empezar la noche de hermosa música
a cargo de un artista con calidad suficiente para poner en evidencia
a muchos otros; un músico carismático e inteligente,
creíble e inspirado, sobrado de buen gusto, cuyo ejercicio
de sobriedad causa turbación.No estamos acostumbrados a que
se nos ofrezca tanta calidad sin pretensiones y, sinceramente, se
agradece.Adrian Crowley merece, de verdad, ser investigado y descubierto
a través de su discografía.Si no estás al tanto
de su obra musical, su último álbum "A Northern
Country" podría ser un buen comienzo.
HOOD
El teórico plato fuerte de la noche viene a ser un grupo
británico extraordinario con una carrera impecable a sus
espaldas al que ya teníamos ganas de ver actuar en directo.
Pero vaya por delante una apreciación.A mi juicio, y a pesar de lo digno del concierto, el grupo parece constantemente encorsetado y carente de la brillantez expuesta en sus discos.Intuyo que la causa de la mencionada circunstancia podría ser la falta de adecuación de la sala y el limitado material o equipamiento de sonido puesto a disposición del grupo.Mi conversación posterior con alguno de los miembros de Hood corrobora lo mencionado.
Por cierto, y antes de continuar, tengo que apuntar de nuevo (aunque sea reincidir sobre lo ya dicho otras veces) un hecho, que no por demasiado habitual, debe dejarse pasar sin más...Otra vez nos vemos obligados a soportar la estupidez y descortesía de cierta parte del público.Parece que en los tiempos que corren es absolutamente imposible acudir a un evento de cualquier clase sin darse de bruces con un buen número de majaderos.Estoy de acuerdo con algo que leí hace poco: ...en España ya no cabe un tonto más.
Continuando con lo que propiamente es la crónica del concierto... Hood son expertos en el arte de tejer riquísimos y exuberantes conglomerados de sonido de inusual complejidad y originalidad.Su oferta musical desprende grandes dosis de invención y frescura.Es una propuesta accesible pero distante a la vez, con un punto permanente de experimentación en lo tocante a texturas, tempos, timbres e intensidades.Hood exhiben una música aristocrática, atrevida, caleidoscópica, abierta, multidisciplinar, carente de prejuicios, poco convencional, sustanciosa, refinada, necesaria.
Este grupo es la prueba palpable y definitiva de que puede mezclarse con sabiduría y talento el mejor indie guitar pop con los sonidos electrónicos de hoy día.Hood obtienen una síntesis imposible entre lo eléctrico, lo electrónico, lo acústico y lo orgánico, en la que no se observan resbalones artísticos ni veleidades de ninguna clase.
Las construcciones sonoras de Hood son dinámicas, fluidas, singularmente artesanales, realizadas con meticulosidad, abordadas de forma visionaria y alejadas de la ortodoxia.Son piezas etéreas, de absoluta orfebrería sonora, con cierto toque impresionista, minimalista, y experimentalista, pero siempre sólidas, transidas de una clarividencia y determinación enormes.Da placer simplemente pensar en su proceso de gestación.
Todo este entramado musical resulta ferozmente moderno, una lección de rock contemporáneo, compuesto por originalísimos dibujos de guitarras, por brillantes acumulaciones de motivos melódicos, por polirritmias y texturas arriesgadas, por armonías disonantes y formidables contrastes.
Es una música lujosa, de mil matices, sofisticada, en la que no existen estructuras predeterminadas, repleta de detalles, multiforme, que se aparta de lo habitual, donde se usa una amplia gama de registros y tonalidades, en la que se observan punteados delicados, perfectamente ensamblados, a modo de manchas sonoras, creando con todo ello un lenguaje nuevo y rupturista a partir del caos.

Hood realizan un viaje musical revelador, sin rumbo fijo, en el que exploran sonoridades, despliegan construcciones imaginativas y bordan densos mantos rítmicos.El grupo posee capacidad como pocos para empastar voces, cuerdas, percusión, electrónica de forma versátil y eficaz.Es un grupo en constante expansión creativa, de compenetración demoledora y que siguen manteniendo un sello personal.
Un grupo que, a pesar de la altura de su arte, expone sus ideas con modestia, huyendo de poses plúmbeas y artificiosas y de intelectualismos elitistas.Adjetivos como experimental o vanguardista pueden usarse aquí sin temor, prescindiendo de la permanente sombra del aburrimiento, concepto al que, con frecuencia, van unidos.
La carrera de Hood es un modelo de evolución, madurez y coherencia, una singladura desarrollada sin precipitación, a través de la cual la banda ha llegado a constituirse en indiscutible después de más de una década de funcionamiento, tiempo durante el cual el grupo ha completado ya una vasta y brillante discografía que te sugerimos investigar.
Gracias mil a Pedro J. Gómez por cedernos amablemente las maravillosas fotos del concierto.
Artículo por Fernando Pérez Herrero.